Mario A. Malpartida Besada

E-mail: marineroensierra@hotmail.com

EL AMIGO

Mario Malpartida

Mario Malpartida

Eduardo Arce Tello, psicólogo de profesión, es un escritor que, previa a su ópera prima, transitó por Huánuco, igual que Fernando Carrasco a quién le dedicáramos algunas líneas en anterior artículo, y talvez igual que otros amantes de la literatura, que sintieron el envión por los caminos de la creación, gozando de los encantos de esta tierra. En el presente caso, sin embargo, se trata de un viejo amigo de colegio y de barrio, diríamos de tiempos inmemoriales, compañero de carpeta en las aulas ricardopalminas, en el Surquillo de antaño, con su gran escondite de la Chancadora, para los que se hacían la vaca y preferían un partido de fulbito, con pelota de jebe en pampón de tierra, en lugar de escuchar las clases del profesor Landauro o de Rubio Fataccioli, verdaderos maestros en Historia y Economía.

Y nos reencontramos luego de dos décadas en este valle de permanente sol: el suscrito asentado ya en la ciudad, con la vocación afianzada; y él, con el espíritu latente de escritor. Claro, con profesión diferente, pero con un caudal enorme de lecturas en su haber, desde los tiempos de carpetas bipersonales, mota de tela y pizarra de madera. Precisamente, eso era lo que lo diferenciaba de los demás. Eduardo ya era filósofo, ya era psicólogo, ya era escritor, desde aquella época. Por eso tomamos prestado su nombre para ponerlo en El viejo mal de la melancolía; ahí, él es el profesor Eduardo Arnao, aun no sé si su alter ego o el nuestro, qué más da, fuimos camaradas desde siempre, aun ignorando que la literatura nos uniría más.

Reanudamos, entonces, nuestras conversaciones suspendidas por la separación que nos infligió el destino, en el tiempo y en el espacio. Y nos desquitamos de olvidos y carencias con chácharas rociadas de vino o café, cuando no de un poco de cerveza. Y, cuando era en casa, casi siempre con la magia de Vivaldi y sus Estaciones, al fondo. Por esa época, pude conocer su interés mayor en la literatura y, sobre todo, en uno de los poetas más deslumbrantes y de amplio anecdotario del país, a quien ya leíamos en el colegio, gracias al flaco Echevarría y al juvenil Bonilla, también maestros del R.P.: Martín Adán. Nunca imaginé que eso que era admiración, se tornaría en afán de escribir un libro con la vida del autor de La Casa de Cartón, y nada menos que novelada. Paulatinamente, fuimos conociendo sus versiones orales, los primeros borradores y los esquemas finales.

Ahora, nuevamente instalado en la gran capital, nos envía su ópera prima, trabajada en silencio, pero con la perseverancia del herrero para forjar el metal: Los años de la Casa de Cartón (Lima, Maribelina. Casa del Poeta Peruano, 2010).

LA NOVELA

En esta novela, Arce Tello ha usado la magia de la literatura para combinar hábilmente los datos vivenciales de su protagonista, con su imaginación creadora, y arribar a una novela de concepción moderna, en cuyas páginas desfilan celebridades de la cultura peruana citadas, a veces, sólo con sus nombres de pila, pero basta asociarlas con la época y con Martín Adán, para deducir sus nombres completos. Los años de La Casa de Cartón, se inscribe así, en el contexto de las obras que rescatan presencias imborrables de nuestra literatura, en este caso aquellas que, en su momento, fueron el entorno más importante para Martín Adán y la vida literaria del país. Ni qué decir de la atmósfera temporal, Lima, Barranco y los tranvías: igualmente, viejas añoranzas.

La identificación de Arce Tello con Adán se patentiza cuando asume la voz y sentimientos del poeta para, desde la posición de adentro, revivir su propia historia y señalar la génesis de la señera novela de Barranco, en un discurso paralelo, el autor y su obra. Entonces, su artilugio literario nos hace escuchar la voz de Rafael de la Fuente Benavides, desde antes que naciera Martín Adán, y recorrer con él por los intrincados y lúdicos caminos previos que, finalmente, condujeron a dicha obra.

La fusión del relato biográfico con la ficción, establece una nueva categoría, en donde los límites entre ambos se diluyen sutilmente bajo los efluvios del encanto estético. Arce Tello demuestra, con esta novela, que aún no se han agotado las formas de encarar el trabajo creativo y sorprende por los resultados, no sólo artísticos sino también por el nivel de información que brinda, en el más puro lenguaje familiar, de tono íntimamente adaniano. Aunado al medio expresivo, cálido y sugerente, ofrece el dato biográfico preciso o de sabor anecdótico que, a no dudar, es resultado de un exhaustivo trabajo de investigación y profunda lectura de la obra de su protagonista.

Además, el libro es toda una propuesta para novelar la vida de un escritor y hacer el seguimiento del proceso evolutivo de su obra más importante, a través de una hermenéutica particular, en la que se ensamblan las vicisitudes del aprendizaje en la adolescencia con el posterior desmontaje de la obra. De esta manera el lector participará de los conceptos de creación literaria que, en el camino de su vida, va adquiriendo un autor.

Por otra parte, el libro se enriquece por la presencia de un gráfico que pretende ilustrar la forma cómo Adán dispuso los materiales diversos en su novela, otro con un Estudio preliminar sobre la vida y la novela “La Casa de Cartón”; así como el agregado de: “Apostillas a Los años de la Casa de Cartón”.

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