Escribe Emiliano Flores Trujillo
El capítulo II de 48 páginas del libro de Historia de Huánuco, José Varallanos denomina “La revolución libertaria de Huánuco de 1812 y sucesos posteriores” (1959: 449), mientras que otros historiadores prefieren llamar a tal hecho histórico con los nombres: insurgencia, rebelión, insurrección, etc. En nuestro caso preferimos seguir llamando como revolución igual que el historiador Víctor Nieto Bonilla (2004).
Nieto en su libro “Control político, sectores sociales y la revolución de 1812 (Un estudio de la coyuntura política de Huánuco de fines del período colonial”, en el capítulo titulado el “Escenario geográfico y clases sociales” analizó las clases sociales que existían en Huánuco colonial, es decir en 1812. Estas clases van a ser los protagonistas directos de la revolución. En dicho libro en el Capítulo Primero en el numeral 1.6 desarrolla sobre las clases sociales.
Según el autor del libro en los tres Partidos o Subdelegaturas (Huánuco, Panatagua y Huamalíes) existían cuatro clases sociales tales como los españoles, criollos, mestizos y los indígenas (Nieto 2004:51). Nieto no consideró la clase social de los esclavos que aún había en Huánuco, pero en cantidad pequeña. La clase social de los españoles, llamados también los chapetones, peninsulares o patricios (Comisión Sesquicentenario vol.2 p.25), fue la clase social privilegiada que tenía “influencia directa en el comercio, propiedad territorial y en los cargos políticos de subdelegados, alcaldes de españoles, contadores, jueces, protectores y priores de los conventos” (Nieto 2004:52-53).
Esta clase poseía “grandes extensiones de tierras de cultivo llamadas ‘haciendas’ cuyos casos se presentaban en Panatahuas, Huánuco y Huamalíes al igual que de los lavaderos de oro y asientos mineros”; y también fueron dueños de los obrajes. Eran los propietarios de los medios de producción y por lo tanto constituían la clase social explotadora de la mano de obra gratuita o semigratuita de los indígenas o indios comunes.
Pero no todos los españoles poseían grandes propiedades, pues algunos de ellos eran simples vecinos de la ciudad de Huánuco tales como los interrogados en el juicio sumario Pedro Tello (Comisión Sesquicentenaria, vol.2º p.12), Nicolás Basualdo (p.20), José Bodelón (p.24) y otros, quienes no tuvieron la necesidad de escaparse de la ciudad de Huánuco junto con otros 30 chapetones rumbo a Huariaca ni tuvieron temores al saqueo que hacían panataguas los días 23 y 24 de febrero, pero sí proporcionaron como testigos informes indicando a los cabecillas de la insurgencia y cómo fue el saqueo.
Como afirma José Varallanos tal vez fueron los españoles vagabundos, o simplemente los plebeyos como aparecen en las declaraciones; lo que significa que entre los mismos españoles no hubo unidad sino cobardía como dice el cura Pedro Ángel Yadó de la doctrina de Huariaca (Comisión Sesq. vol 4º p.200) sino más bien eran contrarios por poseer más o ninguna propiedad o riqueza acumulada mal habida o bien habida, es decir los medios de producción que es el factor determinante para establecer diferencias de las clases sociales.
Como dice Pierre Vilar, son contrarios entre los acumuladores de la riqueza y no acumuladores. Los acumuladores siempre establecen el político, económico, social y cultural sobre los no acumuladores. La sociedad colonial además fue una sociedad feudal como afirman José Carlos Mariátegui y Alejandro Reyes (Reyes 1983: 8).
Nieto establece también la clase social de los criollos y también la clase social de los mestizos. Se considera como criollos a los hijos de españoles nacidos en Huánuco y “muchos de ellos ricos y de gran posición social” pero “con desventaja a competir con los peninsulares” en los cargos públicos de prioridad pero sí asumían los “cargos menores de regidores, procuradores, escribanos, religiosos”. En Huánuco “Tenemos los casos de Domingo Berrospi, Juan José Crespo y Castillo, Marcos Durán Martel, entre otros” (Nieto 2004:54); habían criollos con gran propiedad y con pequeña propiedad como Marcos Durán Martel, Manuel Herrera, José Ayala, Tomás Nalvarte, Juan José Crespo y Castillo, Domingo Berrospi, Pío Mirabal, y Manuel Zevallo; estos últimos se solidarizaron con la pobreza de los indígenas e incluso fueron quienes propagandizaron la necesidad de la insurrección de los indígenas.
Pero algunos de ellos eran vacilantes y se pasaron al bando contrarrevolucionario como el caso típico de Pío Mirabal de Pachas. Este traidor estuvo a favor de la revolución e incluso asumió el cargo de subdelegartura interina de Huamalíes en la ciudad de Llata, pero al retornar a Pachas se pasó al bando contario y apresó a Norberto Haro y más dirigentes indígenas y los entregó a las fuerzas de Manuel Gonzales Prada.
La clase criolla jugó un papel de oportunismo y contrarrevolución (Vidal 2005:163). El mestizo era hijo de un español en una india o indígena. Los mestizos dirigieron la revolución como los alcaldes de los pueblos indios de “Panao, Pillao, Acomayo, Churubamba, Cascay, Pachabamba, Pomacucho, Llacón, Tambogán, Quera, Valle, Malconga” (Nieto 2004:91). “Entre éstos se encontraban: José Contreras, Norberto Haro, José Espinoza, José Rodríguez, Ignacio Rodríguez, así como los diversos alcaldes de los pueblos indios (Id:57). A José Contreras mando asesinar por el oportunista criollo Domingo Berrospi arrojándole al río Huallaga (Vidal 2005: 153). Aún no se ha estudiado sobre los sacerdotes mestizos.
La clase social indígena o los indios comunes era la clase social más explotada con los trabajos gratuitos o semigratuitos en “las haciendas, obrajes, asientos mineros, en los cuales las autoridades políticas lo requerían como sujetos a diversas actividades” (Nieto 2004:57-58). Como dice Alejandro Flores Reyes (1983:22) “Los campesinos del común son la gran mayoría y sobre ella se descarga todo el sistema de explotación, violencia y servidumbre”; “Sus condiciones de existencia son extremadamente difíciles, pero si bien es cierto que son considerados “libres”, sobre ellos descansa todo el sistema colonial. Son los que proveen de fuerza de trabajo gratuita o semigratuita a toda la clase dominante, permitiendo que el proceso de producción sea continuo”.
El entrevistado Pedro Rodríguez (vol. 2º, p.2) en el juicio sumario que aperturaron a los campesinos de Panatagua declara que los cobradores de Alfonso Mejorada hacían abuso con los indios “Quitándoles víveres, y otras vagatelas (sic) de su mantenimiento”.
Asimismo el español José Badelón declara “el Subdelegado de Panataguas con su mujer y su substituto Don José Castillo hacían extorsiones con los Indios quitándoles cuanto tenían por cobrar sus deudas” (p.24). Fracasa la revolución, los criollos culparon directamente a los indios como causantes de la revolución de 1812.
Finalmente la clase social de los esclavos no fue considerada por el historiador Nieto. Sin embargo hay presencia de los esclavos en Huánuco durante la colonia. En la ciudad de Tarma, sede de la Intendencia del mismo nombre, el 25 de febrero de 1812 Domingo Berrospi emite el informe y dice que se ha recibido noticias de Huánuco “sobre muchos desgraciados y horrendos acontecimientos (…) (informe) divulgado por un negro (esclavo) del Coronel Don Pedro Antonio Echegoyen que se dice de haber emigrado de dicho Huánuco el 25 del que rije” (Vol 1º p,94).
Es probable que los esclavos estuvieron al lado de los chapetones porque un era una clase social tan significativa. Al inicio de la revolución la principal contradicción antagónica se dio entre los explotadores chapetones y los explotados indígenas panataguas y de Huánuco. Es en el proceso del desarrollo de la revolución se sumaron, en un bando y en otro, los criollos y los mestizos. En el juicio sumario los acusados criollos y mestizos señalaron que la revolución o insurgencia los protagonizaron exclusivamente los indígenas o indios, mejor dicho los campesinos.
Las investigaciones sobre la revolución de Huánuco en 1812 de Víctor Nieto Bonilla y de Róger Vidal Roldan esclarecen mejor las clases sociales que protagonizaron en tal hecho histórico. Ambos enfocan la historia desde el punto de vista de Materialismo Histórico como señala el presentador o prologuista Augusto Ruiz Zevallos (Nieto 2004: 9) del primer autor. Y también Cipriano Quispe (Vidal 2005:8) afirma igual sobre el libro de Róger Vidal. Qué lejos están de estos enfoques y métodos tan rigurosos y esclarecedores de la ciencia histórica las afirmaciones del abogado Jorge Espinoza Egoávil cuando en la noche del 14 de diciembre del 2012 calificara que el libro del historiador Víctor Nieto Bonilla era un simple opúsculo, cuando éste es una “obra científica o literaria muy pequeña”, tamaño de un folleto (Dic. Larousse). El libro de Nieto tiene 174 páginas.
BIBLIOGRAFÍA
-COMISION NACIONAL DEL SESQUICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERU (1971) Conspiraciones y Rebeliones en el Siglo XIX. Revolución de Huánuco, Panatahuas y Huamalíes de 1812. T. III. Volúmenes 1º,2º,3º,4º y 5º.
-NIETO B, Víctor (2004) Control político, sectores sociales y la revolución de 1812 (Un estudio de coyuntura política de Huánuco de fines del período colonial). Lima, Fondo Editorial Cultura Peruana.
-REYES F, Alejandro (1983) Contradicciones en el Perú Colonial (Región central 1650-1810). Lima, UNMSM.
-VARALLANOS, José (1959) Historia de Huánuco. Buenos Aires, Imprenta López.
-VIDAL R, Róger (2005) La noche más larga de Huánuco 22 de febrero de 1812 (Ensayo histórico). Huánuco, Industria gráfica Planeta.
-VILAR, Pierre (1982) Las clases sociales. Lima, UNMSM. Separata.


