Mario A. Malpartida Besada
E-mail: marineroensierra@hotmail.com
Muchas son las estrategias usadas para promocionar la lectura en nuestro país, incluyendo el famoso plan lector. Y ocurre que casi todas solo han conseguido logros relativos, loables por cierto, teniendo en cuenta esa larga tradición de olvido que siempre ha existido por cultivar el hábito de la lectura, más aún de la lectura por placer, es decir aquella que se asume por propia convicción y por no coacción, de ninguna clase.
Por ello destacamos el esfuerzo de Tania Rivera Cachique y de Marina Sangama, autoras de Leer es una forma de vivir (Pucallpa, edición de las autoras, 2011), al afrontar el reto de contribuir en la tarea, desde una nueva perspectiva, cual es la de usar el testimonio de personalidades que se han forjado un futuro teniendo como base justamente las lecturas que practicaron por placer y desde la edad temprana. Así lo precisa Hermógenes Rojas Sullca en la nota de contratapa: “Este trabajo es resultado de las entrevistas que sostuvieron Rivera y Sangama, en algunas tardes y noches, de esas en las que se busca respuestas al porqué de las cosas, al porqué de las circunstancias adversas que vivimos y queremos cambiarla y, también, al afán por descubrir cuáles fueron esos primeros libros que leyeron y de qué manera influyeron en sus vidas.”
En este sentido, nos ofrecen un conjunto de revelaciones de profesores, filósofos, sociólogos, políticos, escritores, artistas, etc., sobre cómo influyó su afición por el libro en su formación académica y en su realización personal, en sus respectivos campos. Entre ellos tenemos al poeta Marco Martos, el profesor emérito de la UNMSM Hernán Alvarado Zavala, el filósofo y educador Walter Peñaloza, el sociólogo y exparlamentario Edmundo Murrugarra, el pintor ucayalino Pablo Amaringo, el maestro, poeta e ilustre integrante del grupo literario “Maldita boa” Juan Sánchez Pacheco, etc., etc.
Los subtítulos son muy ilustrativos: Entre el amor, los libros y la vida (Alvarado Zavala), Buen alumno ayer, buen maestro siempre (Peñaloza), Un poeta humano de la cabeza a los pies (Martos), Caminante son tus huellas, has hecho camino al andar (Sánchez Pacheco), etc.
Encontramos en este corpus valioso de testimonios, algunas coincidencias esclarecedorasque bien podríamos tomarlas como paradigmas dentro de nuestros propios planes para motivar el deseo de leer. Por ejemplo, la mayoría de entrevistados por las autoras, rememora que, en los años iniciales de su formación, accedió a la lectura debido a la presencia de un gran maestro, de un ambiente familiar adecuado y de un entorno amical saludable.
A partir de esas generalidades, los entrevistados plantean situaciones provechosas que gozaron en su momento, como por ejemplo, la práctica paralela de la escritura, no necesariamente con la teoría gramatical de por medio; la actividad lectoracomo acto lúdico; conocimiento de la realidad cotidiana a través de la lectura; cultivo de la literatura para acceder a otras disciplinas; degustación de relatos orales; la lectura vinculada con sus actividadesvitales; etc.De esta manera quedan sugeridos algunos derroteros a tomar en cuenta para promover la lectura entre los niños y jóvenes de nuestro entorno.
Pero no solo se trata de ofrecer un cúmulo de ideas provechosas para incentivar la costumbre de leer, sino también de rescatar el lado emotivo que cada uno de sus entrevistados agrega a sus testimonios. Con ello Tania Rivera Cachique y Marina Sangama consiguen un efecto persuasivo de carácter sentimental por el libro y la lectura, más todavía porque esos testimonios vivenciales proceden de grandes personalidades de la vida cultural y artística peruanas, desde intelectuales con altos grados académicos, hasta personajes que, al margen de la formalidad educativa, forjaron un presente exitoso por el alimento espiritual que tuvieron, a través de los libros que leyeron en su infancia y juventud.
Desde este punto de vista, ciertamente, los entrevistados corroboran la idea de que “Leer es una forma de vivir”, pensamiento feliz de las autoras que queda demostrado al conocer las confesiones de sus entrevistados. La frase resulta altamente motivadora, acorde con sus propósitos en la dura brega que vienen librando desde su trinchera cultural, en esta vez ofreciendo modelos ejemplificadores sobre cómo influyó la lectura en la vida de estas personalidades. Ellas mismas están comprometidas en la tarea desde su posición de docentes de la especialidad de lengua y literatura y promotoras de proyectos culturales vinculados con la promoción de la lectura entre los jóvenes de la región ucayalina.
El lado pragmático del libro aparece al final en el que las autoras, no pudiendo desprenderse de su espíritu de educadoras, plantean las consabidas “Actividades pedagógicas sugeridas”, simpáticas y entretenidas.


